Paisajes de canto es una intervención escultórica integrada en la arquitectura del Centro de Deportes Acuáticos de Tenerife. El paisaje no se entiende aquí como una imagen estática, sino como un campo de fuerzas: una trama de densidades, intensidades y ritmos que emergen del muro mediante la ordenación y desordenación de piedras de canto. Estas configuraciones evocan lo acuático, el mar y sus ecosistemas en constante transformación.
Las piedras irrumpen en la pared como protuberancias. En sus distancias y relieves laten tensiones invisibles y agrupaciones que parecen azarosas, pero generan ritmos singulares, semejantes a vibraciones de un litoral cristalizado en la arquitectura. Su disposición recuerda también a un cuerpo que nada, desplazando la masa de agua que lo envuelve y reordenando continuamente su volumen.
La obra no se detiene en la forma. Sugiere la inestabilidad constitutiva de todo paisaje; piedras suspendidas en un instante, como si pudieran reordenarse y configurar nuevas relaciones. En esa potencialidad, el muro se transforma en un ecosistema abierto, donde lo mineral, lo acuático y lo arquitectónico se entrelazan en un equilibrio móvil. Esa movilidad se amplifica con la experiencia del cuerpo; al recorrer el espacio, la intervención se activa y los puntos de vista multiplican las perspectivas, desvelando la condición viva del paisaje.
Eduardo Hodgson
